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26J: encuestas y elecciones

Los resultados esperados el 26J no se produjeron. La capacidad predictiva de los sondeos electorales se puso en cuestión cuando el PP obtuvo una victoria más amplia de la prevista por las encuestas y Unidos Podemos no consiguió el anunciado «sorpasso» al PSOE. Algunos pusieron en duda las metodologías empleadas y otros incluso aseguraron que las encuestas se habían hecho mal. Esto a pesar de que ya habíamos tenido algunos episodios similares, como por ejemplo en 1996, cuando el PP no obtuvo la mayoría absoluta prevista, o en el 2012, cuando Artur Mas se quedó lejos de la mayoría amplia que le auguraban las encuestas. […]

A pesar de los retos que suponen las innovaciones tecnológicas y los cambios de hábitos de los ciudadanos, no hay dudas en la profesión de que la mayoría de encuestas seguían los parámetros mínimos de calidad y rigor exigibles, tanto con respecto a la muestra como al trabajo de campo. De hecho, es interesante observar que todos los sondeos dieron unos resultados similares, independientemente de la metodología utilizada (presencial, telefónica o por internet). Incluso, las estimaciones de voto realizadas mediante nuevas técnicas de investigación a partir del análisis de millones de comentarios en las redes sociales daban resultados parecidos.

Si el problema no es la recogida de la información, es evidente que la responsabilidad recae sobre los analistas y la interpretación que hicimos de los datos recogidos. Se ha reflexionado y se ha escrito mucho sobre lo que pasó1. En este artículo queremos hacer hincapié en dos cuestiones muy concretas que nos parecen determinantes para explicar qué pasó con las encuestas previas al día de las elecciones:

  • Una parte importante de la desviación en el resultado de Unidos Podemos se explica por los diferentes tempos en la toma de la decisión del voto entre los distintos electorados. Veremos cómo los votantes de Podemos tenían la decisión tomada desde el principio de la campaña, mientras que el resto de electorados (incluyendo el del PP) mostraba mucha más inseguridad e indecisión.
  • El efecto del «Brexit» fue definitivo para la mejora de los resultados del PP y, posiblemente, para la mejor resistencia del PSOE. No estamos hablando de una sacudida, pero sí del detonante que otorga más solidez a la victoria (esperada) del PP.

El análisis de estas dos hipótesis se ha llevado a cabo a partir de los datos de las encuestas que GESOP realizó para EL PERIÓDICO, especialmente del tracking que siguió diariamente la evolución de la campaña electoral.

EL ANUNCIADO «SORPASSO» DE UNIDOS PODEMOS

La principal sorpresa de la noche del 26J fue que la coalición integrada por Podemos e IU quedara por detrás del PSOE en votos y en escaños. El «sorpasso» de Unidos Podemos a los socialistas se había dado por hecho incluso antes de que se anunciara el acuerdo para formar la coalición y algunos analistas auguraban que el 26J se intensificaría el retroceso del «bipartidismo» que se había producido el 20D2. Sin embargo, antes de que se formalizara la coalición, había algunos indicadores que expresaban alguna duda sobre su viabilidad. Así, las encuestas3 ya detectaban el descontento de una parte del electorado de IU hacia la formación de Pablo Iglesias y el desencanto de una parte de los propios votantes de Podemos, que estaban buscando otras alternativas de voto, entre ellas IU.

Ahora bien, cabe señalar que desde el momento en que se confirmó la coalición, Unidos Podemos mostró una gran fortaleza en las encuestas, especialmente en cuanto a datos directos. De hecho, si nos fijamos en los datos del tracking elaborado por GESOP, el PP y Unidos Podemos estuvieron toda la campaña disputandose la primera posición en intención directa de voto. Sin embargo, la estimación siempre situó al PP claramente por delante.

Así pues, la estimación de voto, es decir, la proyección del resultado a partir de los datos directos de la encuesta, corregía al alza al PP y a la baja a Unidos Podemos. ¿Por qué? Porque teníamos elementos que nos indicaban una sobrerepresentación de los votantes de Podemos e IU en las muestras. Esto no es en absoluto un hecho excepcional. Los datos directos de intención de voto son precisamente una mezcla de actitudes, opiniones, notoriedad, posicionamiento, reputación de marca … además de la expresión de un comportamiento manifestado con mayor o menor intensidad4.

El recuerdo de voto es la variable que indica de forma más directa estos sesgos y nos ayuda en una primera lectura de los datos directos de intención de voto. En esta ocasión, además, los comicios de referencia (20D) eran muy cercanos en el tiempo y no se había producido ninguna otra convocatoria electoral en este periodo. Por tanto, más que en otras ocasiones, el recuerdo de voto se convertía en una variable de confianza para calibrar estas desviaciones5.

Como podemos observar en la tabla comparativa entre los resultados reales y el recuerdo de voto, el electorado de Podemos e IU es el que aparecía más sobrerepresentado en la muestra. De hecho, recordaban haber votado a estas formaciones casi un 30% más de los que en realidad las habían votado. Así pues, este indicador ponderaba a la baja la estimación de voto de la coalición aunque, como se ha demostrado posteriormente, de forma insuficiente.

Pero la estimación de voto de un partido no depende únicamente del comportamiento de sus votantes, sino también, y mucho, del comportamiento del resto de electorados. De hecho, los votantes de Unidos Podemos -sobre todo los de Podemos- lo tuvieron claro desde el inicio de la campaña, mientras que buena parte del resto de votantes pospusieron su decisión definitiva a los últimos días. En este sentido, la campaña aportó poco a Unidos Podemos, pero, en cambio sí que ayudó a clarificar -y en la mayoría de casos a ratificar- las opciones de los simpatizantes del resto de formaciones.

Podemos comprobar estos comportamientos diferenciales entre los electorados a partir de la variable que interroga sobre el grado de seguridad del voto a cada una de las principales candidaturas, lo cual nos permite captar el nivel de determinación de cada electorado6. Tradicionalmente este indicador se había mostrado útil para estimar la participación; a día de hoy, cuando cada vez se pospone más la decisión de voto, resulta eficaz para valorar los cambios de última hora.

Las dos visiones del gráfico, con todas las formaciones conjuntamente y por separado, nos dan una visión más precisa de la evolución del voto decidido de cada formación durante la campaña de las generales del 26J.

  • Los que decían que seguro que votarían al PP fueron creciendo a medida que avanzaba la campaña, hasta tres días antes de las elecciones, cuando empezaron a retroceder, coincidiendo primero con el escándalo provocado por las conversaciones del ministro Fernández Díaz con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña y después con el resultado del referéndum sobre el «Brexit». Justamente, estos últimos días también retrocedieron los que se mostraban seguros de votar a Ciudadanos, el partido que más votantes se podía llegar a disputar con el PP.
  • En cuanto a los partidos de izquierda, no se observan unas tendencias claras. El PSOE es el que sufrió más fluctuaciones en este indicador, seguramente porque era el partido con un electorado más indeciso, pero lo cierto es que en los últimos días recuperó bastante terreno. Por su parte, Unidos Podemos es la candidatura que mantuvo unos valores más estables durante toda la campaña.
  • Sólo el PP y el PSOE se mantuvieron siempre por debajo de los valores que finalmente obtuvieron el 26J (en porcentaje sobre censo), mientras que Unidos Podemos siempre estuvo por encima y Ciudadanos perdió los últimos días lo que había ido ganando durante la campaña.

Así pues, las diferencias por electorados en el momento de fijar el voto explican parte de la sobrevaloración de UP hasta el mismo día de las elecciones7. Otra discusión es la razón de la existencia de estas disparidades entre electorados. Esto merecería entrar en el estudio de la composición de cada electorado y sus motivaciones o de la reputación y trayectoria de cada formación y de los diferentes actores que ocupan la escena mediática y política. Y por supuesto, del posicionamiento de cada fuerza política frente a los problemas del país.

LOS EFECTOS DEL «BREXIT»

Las encuestas diarias durante la campaña permiten hacer un análisis de los movimientos que se producen desde que se inicia hasta el mismo día de reflexión. Permiten analizar si hay variaciones y si éstas son en el sentido esperado. Son muchos los temas, los debates, las declaraciones, los vídeos, los tuits, los juegos comunicativos que confluyen e influyen en las opiniones de los ciudadanos para reforzar o moderar sus simpatías preestablecidas. En general, no para producir grandes cambios respecto a la precampaña, pero sí para alterar o reforzar tendencias y acabar repercutiendo de forma decisiva en los resultados electorales. Además, un contexto electoral volátil como el actual, con una importante crisis institucional y del sistema de partidos, estimula la incertidumbre y los titubeos hasta el final, como muestran los gráficos anteriores.

Ahora bien, hay acontecimientos que por su trascendencia superan el día a día de la campaña y tienen efectos más relevantes8 en los resultados electorales. En estas últimas elecciones se produjeron dos noticias que, a priori, se podría pensar que podían modificar tendencias. Además, ambas tuvieron lugar en los últimos días de campaña, lo que dificultaba tener un análisis del impacto real sobre los resultados9. El asunto de las escuchas del ministro Fernández Díaz con el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña acaparó la actualidad durante el miércoles y el jueves previos a los comicios. Ahora bien, el viernes y el sábado este tema fue eclipsado por el resultado del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE. No es descabellado pensar que el primer tema debilitaba al PP y el segundo, en cambio, lo reforzaba. El primero atacaba la ética y el segundo la economía. En el primero no tenían mucho que perder, pero en el segundo eran los que más tenían a ganar: el PP era el partido mejor posicionado para ganar las elecciones y el más asociado a la moderación y a la estabilidad que «exigía el momento».

Los efectos que tuvieron estos dos sucesos sobre la campaña se pueden observar analizando la evolución de la matriz de trasvase de voto de cada electorado durante los últimos días en comparación al resto de la campaña.

  • El PP comenzó la campaña con un fidelidad de voto por encima del 70%, que fue mejorando hasta obtener el mejor dato en este indicador justo el día en el que estalló el «caso Fernández Díaz». Precisamente, con la aparición de este caso se registra el nivel más alto de trasvase de voto del PP hacia otras formaciones. Los dos días siguientes, coincidiendo con el referéndum del «Brexit», el PP registra el valor de fidelidad más bajo desde el inicio de la campaña, pero también uno de los mínimos en el nivel de fugas de voto hacia otras formaciones. En cambio, se registra el valor de indecisión más alto de todo el tracking. Parece que los primeros efectos del «caso Fernández Díaz» quedaron desvanecidos rápidamente por la alteración producida en la opinión pública por los resultados del referéndum británico, que, en cambio, generó un aumento de la indecisión.
  • Por su parte, C’s registra en la jornada de reflexión los peores datos de toda la campaña. La fidelidad de su electorado, que se había ido recuperando, vuelve a situarse en los niveles del principio del tracking y las fugas hacia otras formaciones, especialmente hacia el PP, alcanzan el valor más alto de toda la serie.
  • En el caso de Podemos, la fidelidad se mantuvo muy estable durante toda la campaña, alrededor del 80%, pero en los últimos días retrocedió, a la vez que crecían los trasvases de voto hacia otros partidos. De hecho, es también en el último día, en la jornada de reflexión, cuando Podemos registra su nivel de fidelidad más bajo de todo el tracking y una proporción más alta de votantes que no se definen. Es interesante citar un dato que desde el punto de vista cualitativo resulta ilustrativo de la impresión que produjo el «Brexit» también en este electorado. El trasvase de voto de Podemos al PP es casi inexistente, pero el día en que se dio más fue precisamente el último viernes de campaña, al día siguiente del referéndum del «Brexit»: hasta entonces se habían registrado tres casos entre las 3.900 entrevistas realizadas en trece días de trabajo de campo; el viernes 24 de junio se realizaron 300 entrevistas y se obtuvo el mismo número de casos (3) que durante los trece días precedentes.
  • El PSOE también registró uno de los niveles de fidelidad más bajos de su serie en el último día, así como más fugas de voto hacia otros partidos que las jornadas anteriores, pero en este caso sus datos son menos excepcionales, ya que se habían dado otros similares en diferentes momentos de la campaña.
  • En cuanto a los votantes de IU, no parece que los acontecimientos de los últimos días de campaña tuvieran ninguna influencia en este electorado. Fueron los más indecisos durante prácticamente toda la campaña. La fidelidad de los votantes de IU hacia Unidos Podemos fue siempre significativamente menor que la que se registraba entre los votantes de Podemos. Como ya hemos dicho antes, las encuestas previas a la formación de la coalición ya alertaban de la desconfianza que una parte de los votantes de IU manifestaba hacia el partido de Pablo Iglesias10.

En definitiva, los datos ponen de relieve que los dos últimos días de la campaña se produjeron movimientos importantes coincidiendo con las primeras reacciones a la inesperada victoria de los partidarios de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Estos movimientos favorecieron la subida de votos del PP, procedentes especialmente de Ciudadanos y de la abstención. Y también reforzaron la abstención, y posiblemente algún trasvase de voto hacia el PSOE, de una parte del electorado de Unidos Podemos.

EN RESUMEN,

La situación política actual, presidida por la incertidumbre y la falta de confianza propicia unos comportamientos menos comprometidos, más erráticos y más imprevisibles que en situaciones estables. Con todo, desde las elecciones europeas, las encuestas han sido un buen instrumento para predecir las tendencias que se han ido produciendo en los diferentes comicios electorales. El retroceso del bipartidismo o la entrada con fuerza de las nuevas formaciones políticas han sido avanzadas con un éxito, creo que considerable, por la demoscopia. En las elecciones del 26J Unidos Podemos se quedó por debajo de sus expectativas como, de hecho, ya había pasado en las generales de diciembre, las autonómicas que tuvieron lugar en mayo de 2015 en la mayoría de comunidades españolas o también las andaluzas de marzo del mismo año. El voto más entusiasta y con “más reputación” social de Podemos, o Unidos Podemos, esconde en las encuestas el apoyo menos entusiasta o directamente más vergonzoso de las fuerzas políticas tradicionales, especialmente del PSOE.

Y, a dos días de las elecciones, el «Brexit», para algunos el acontecimiento europeo más importante desde la caída del muro de Berlín. El día 24 y 25 de junio esta noticia dominó con contundencia todos los espacios informativos. Se produjo una conmoción en la opinión pública y el impacto negativo que tendría para la economía era lo más comentado, tanto el más inmediato (el hundimiento de las bolsas o la bajada del precio de la libra) como el previsto a medio plazo (los efectos sobre el turismo o las exportaciones, por ejemplo). A pesar de este revuelo, el impacto electoral fue modesto, pero suficiente para desbaratar ligeramente las previsiones y dar un respiro a los viejos partidos: el PP mejoró resultados y el PSOE perdió menos votos de los que se podía esperar de la bajada de la participación.

De hecho, además de algunos trasvases, es en el diferencial de participación donde parece que hay buena parte de la explicación: se movilizó una parte de la derecha que no lo había hecho el 20D y, en cambio, se desmovilizó una parte de la nueva izquierda que sí había acudido a votar el diciembre anterior. En ambos casos, parece que esta tendencia se acentuó como consecuencia de la percepción y el significado adquirido de las consecuencias para Europa de la salida de Gran Bretaña. Las señales se apuntaron los dos últimos días en las encuestas que hemos analizado, pero no mostraban o no supimos ver su impulso en el desenlace final.

 

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1 Podéis leer varios artículos en torno al resultado de las encuestas, como por ejemplo los de Eva Anduiza, Kiko Llaneras, José Juan Toharia e Ignacio Jurado y Lluís Orriols, entre muchos otros.

2 Así por ejemplo, el analista electoral Jaime Miquel señalaba en un artículo un mes y medio antes de las elecciones: “Nos conocemos bien y ya sabemos que si es sorpasso queda escrito: los de Pablo Iglesias, Xavier Doménech, Beiras, Baldoví y el joven Garzón superan en casi un millón de votos al PSOE, que es tercero con algo menos de cinco millones de sufragios”.

3 En encuestas anteriores al acuerdo entre Podemos e IU, se puede comprobar, por ejemplo, el poco atractivo que Iglesias generaba entre una parte importante del electorado de IU e incluso en una parte de sus votantes del 20D. En este sentido pueden consultarse los datos del Barómetro de España de El Periódico del mes de marzo y el Barómetro electoral del CIS del mes de abril.

4 Es por ello que la validez de la muestra no se debe valorar por las variables políticas o de voto, sino por las sociodemográficas (sexo, edad, nivel de estudios, territorio, etc.) que indican si la muestra de la encuesta es una buena representación del universo de estudio.

5 En los últimos años el uso de esta variable se ha tenido que acompañar de otras debido a la aparición de las nuevas formaciones, la alta volatilidad del voto y la acumulación de elecciones. De hecho, en las encuestas podemos constatar la confusión de algunos electores entre unos y otros comicios. Un caso paradigmático de este último fenómeno se dio entre los votantes de ERC tras el éxito de su partido en las elecciones catalanas de 2012: una parte de ellos recordaba haberlos votado también en las municipales de 2011 cuando los resultados de aquellos comicios fueron significativamente peores.

6 La pregunta exacta era “En relación al [PARTIDO], ¿qué se ajusta más a lo que usted haría en estos momentos: seguro que lo votaría, es posible que lo votara, es poco probable que lo votara o es imposible que lo votara?”.

7 En la segunda oleada de 2016 del Barómetro del CEO un 6,8% de los catalanes dice que decidió su voto el mismo dia de las elecciones del 26J.

8 El caso más emblemático es el impacto de los atentados del 11M en las elecciones generales que tuvieron lugar tres días después, el 14 de marzo de 2004.

9 El impacto de una situación o un acontecimiento tiene unas fases concretas que van desde la alteración o conmoción inicial hasta la aceptación o resignación posterior.

10 En este sentido, análisis posteriores al 26J, como el de Ignacio Sánchez-Cuenca, han detectado que el retroceso de Unidos Podemos ha sido mayor donde más fuerza tenía IU.

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